La reputación constitucional de Dios

Fernando Flores

‘No sé si Dios existe, pero sería mejor para su reputación que no existiera’, decía el poeta francés Jules Renard. Yo, por mi parte, cada día le pongo una vela. Al poeta.

Los representantes oficiales de aquél no fallan. Semanalmente nos afligen con una o varias acciones, si no como creyentes (cada cual con sus contradicciones), sí como defensores de las libertades de conciencia, religiosa y del Estado laico. Es decir, como creyentes en un sistema constitucional decente.

En realidad todo encaja. En un país en el que los ministros y los altos cargos juran su Constitución teóricamente aconfesional frente a una biblia y un crucifijo, y en el que el homenaje institucional a los fallecidos (sean estos cristianos, musulmanes, ateos o budistas) por un accidente o un acto terrorista se realiza invariablemente en una catedral católica, el resto tiene que venir por añadidura.

william-blake

Estos días ha trascendido la Resolución del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte sobre la enseñanza de la religión católica en la educación obligatoria. Esta Resolución, desarrollo de laLOMCE y publicada en el BOE, lleva a cabo la decisión política del Partido Popular y la Conferencia Episcopal de hacer del catolicismo una asignatura de oferta obligatoria evaluable y cuya nota cuenta para hacer media del curso.Ana Valero ya advirtió , que la obtención de la carta de naturaleza académica de la asignatura de religión católica no es sino el paso previo a justificar su incursión en el currículo educativo de la escuela pública mediante el revestimiento de pretendidos tintes científicos. No ha pasado mucho tiempo para que los hechos le den la razón. En la Resolución, cuando se detallan las directrices curriculares, se afirma:

  • “la educación de la dimensión religiosa es parte fundamental para la maduración de la persona”;
  • “la enseñanza de la religión católica en los centros escolares ayudará a los estudiantes a ensanchar los espacios de la racionalidad”;
  • “la estructura del currículo de Educación Primaria intenta poner de manifiesto la profunda unidad y armonía de la iniciativa creadora y salvífica de Dios”;
  • “si la persona no se queda en el primer impacto o simple constatación de su existencia, tiene que reconocer que las cosas, los animales y el ser humano no se dan el ser a sí mismos. Luego Otro los hace ser, los llama a la vida y se la mantiene…”;
  • “no obstante, el ser humano pretende apropiarse del don de Dios prescindiendo de Él. En esto consiste el pecado. Este rechazo de Dios tiene como consecuencia en el ser humano la imposibilidad de ser feliz”

Por lo demás se pide al alumno (quinto de primaria) que “dramatice con respeto algunos milagros narrados en los evangelios”, o que “argumente el origen del mundo y la realidad como fruto del designio amoroso de Dios” (primero de secundaria).

Captura de pantalla 2015-03-08 a la(s) 20.39.03

A muchas personas les ha sorprendido (en algunos casos indignado) que se haya utilizado la propia letra del BOE (no solo manuales, apuntes, videos o material al efecto) para decir estas cosas. Es decir, ha llamado la atención que haya sido el principal portavoz documental del Estado(obligado a respetar la Constitución –art.9.1 CE–, y por lo tanto la neutralidad, la aconfesionalidad y la libertad de conciencia) el que haya publicitado contenidos que como mínimo chocan con la historia (se habla de la intervención de Dios en ella, aunque en el currículo general de primaria no existen referencias a la evolución), y con las ciencias naturales. Por el contrario, para los obispos el currículo es coherente con una asignatura cuyo objetivo no es enseñar historia de la religión (o de las religiones), sino formar a los alumnos en los valores y creencias del catolicismo.

Mi opinión es que la Conferencia Episcopal acierta, por la sencilla razón de que quien puede lo más puede lo menos. Si impones –siquiera como optativa– una asignatura cuyo contenido es dogmático (al menos en parte), no puedes pretender que dicho contenido lo enuncie un funcionario civil; al revés, tiene todo el sentido que lo confeccione un funcionario religioso. Con el resultado referido. De hecho, la misma LOMCE (y antes la LOE) dispone que la determinación del currículo y de los estándares de aprendizaje evaluables que permitan la comprobación del logro de los objetivos y adquisición de las competencias correspondientes a la asignatura Religión será competencia de las respectivas autoridades religiosas” (DA 2ª.apdo 3).

Así que la clave no está en el currículo educativo, la clave está en el poder legislativo, en la Ley. Una vez incorporada la religión como asignatura evaluable, resulta coherente que exista una Resolución del Ministerio (que se publica en el BOE) que contenga sus directrices fundamentales. Así sucede con el resto de asignaturas y, en consecuencia, es normal que también suceda con la de religión. Lo que muestra esta consecuencia de aquella decisión política y legislativa es hasta qué punto con ella sepermite a las confesiones –especialmente a la Iglesia Católica– penetrar en lo más profundo del Estado, hasta confundirse (en directa contradicción con el art.16.3 CE) con él.

Llama la atención que pocos hayan advertido el contenido de la Resolución de 26 de noviembre de 2014, de la Dirección General de Evaluación y Formación Profesional, por la que se publica el currículo del área Enseñanza Religión Islámica de la Educación Primaria. Las capacidades que respecto de la confesión islámica y con carácter general se establecen para toda la Educación Primaria son, entre otras:

JVENES~1

  • “conocer y arraigar la fe en Al-lah, Creador del Universo, de todos los seres vivos y Único Dios adorado“;
  • “valorar y apreciar la importancia de la Creación y reconocer en el mundo natural la acción y atributos de Dios“;
  • “apreciar el valor de la vida humana como don de Dios y derecho a su existencia, comprender su sentido para la vida mundana y la consecución de la vida venidera“;
  • “reconocer el Corán como palabra de Dios revelada al Profeta Muhammad (P.B.) y comprender el significado de su mensaje“;
  • “leer, recitar y memorizar diferentes fragmentos del Corán, profundizar en su estudio para comprender mejor su significado, lenguaje y, en último término, la palabra de Dios“; etc.

¿Alguien se imagina una asignatura, siquiera optativa, en el marco de la libertad de conciencia, para Primaria o Secundaria, cuyo currículo negara la existencia de Dios o de Al-lah, que afirmara que el pecado no existe, que la religión es –además de contraria a las leyes de la física– perjudicial para el desarrollo de la personalidad, y que Dios es una ‘ficción suprema’? Probablemente la Iglesia y el Islam lo considerarían una afrenta y un ataque imperdonables, y reclamarían su supresión. Si Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos –que sólo propugnaba el aprendizaje de los valores de la Constitución española– acabó como acabó por la presión de la reacción católica institucional, no hace falta mucha perspicacia para intuir qué pasaría con una asignatura como la imaginada.

cura-santona--575x361

No debe dejar de decirse que cada paso, cada acción que contribuye a la confusión del Estado, de los poderes públicos, de los servidores civiles, con una confesión religiosa, es un atentado contra los mandatos constitucionales y contra la libertad. Y por qué no decirlo,  también resulta un atentado contra la esencia de la propia religión, al menos de la religión católica, contra el principio de dar al (y recibir del, creo yo) césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios.

Hace unos días supimos que el cura de Santoña había intervenido (con hisopo) en lainauguración oficial de los juzgados de esa localidad. Si sucesos como éste no ocurrieran diariamente a lo largo del territorio español, lo comentaríamos como una anécdota graciosa o folclórica. Pero no lo son. Esta confusión de lo público y lo católico es habitual entre nosotros y vulnera la libertad de conciencia y religiosa de los ciudadanos, amén de la obligatoria aconfesionalidad del Estado.

La libertad religiosa y de cultos es un derecho tan respetable como cualquier otro recogido en la declaración constitucional, y debe ser garantizado, pero su límite está en la libertad de los demás (la de conciencia y la misma religiosa) y en la rigurosa aplicación de aquella aconfesionalidad. En España esos límites no son respetados, al contrario, por ahora la experiencia nos demuestra que los dioses oficiales se llevan mal con la Constitución y con la libertad. Si existieran, su reputación debería estar por los suelos. Al menos en una sociedad que creyera en el Estado democrático.

Ciencia-y-Religión

Anuncios

Nosotros estamos a favor de los derechos humanos

Javier de Lucas

Uno de los efectos perniciosos de las convocatorias electorales es que parecen otorgar carta abierta no ya para el populismo, sino para la demagogia y la desvergüenza. Carta abierta, insisto, sin límite; ya lo avisó Tierno…

El fundamento es el consabido pragmatismo, que emerge descarnadamente en cuanto suena el disparo de salida de la campaña. Como enuncian tan campanuda como, a mi juicio, cínicamente los supuestos expertos en ciencia política y sociología electoral que hoy pululan como setas, lo único importante es ganar (véase el descarnado tecnocratismo del que hacen gala no ya los Arriola y demás gurús de los “viejos” partidos, sino alguno de los cerebros de Podemos, como Carolina Bescansa, por ejemplo). Por eso, a la caza del voto, todo vale.

Se me ocurre que sería buena idea (y así lo he propuesto a mis amigos de la SER) dar un premio diario durante la inminente campaña electoral para municipales y autonómicas a “quien la diga más gorda”, si me permiten la expresión. En todo caso, es a los ciudadanos a quienes corresponde separar el trigo de la paja y por eso, desde este rincón, me atrevo a proponer a los lectores que ejerzan una labor de vigilancia diaria en la campaña electoral, para denunciar las propuestas/promesas más demagógicas y las más inaceptables que comprometan a los derechos humanos. Serán pistas par orientar nuestro voto.

Empecemos ya, que no faltan ejemplos en la precampaña. Y les propongo comenzar con algunas perlas desgranadas por PP y C’s, en torno al tan publicitado como falaz “giro social”, emprendido supuestamente por el Gobierno y, muy concretamente, a propósito delos derechos de los inmigrantes. Un caso concreto que ayuda a perfilar la retórica obligada de “nosotros defendemos los derechos humanos”.

sanidad extranjeros

La medalla de oro a la falacia y el cinismo hay que dársela a mi juicio al Gobierno y a su ministro Alonso, por la supuesta marcha atrás en el RD 16/2012. Como se recordará, el Gobierno Rajoy, a través de su Ministro de Sanidad e Igualdad, el señor Alonso, que se distinguió como portavoz parlamentario en la defensa de los recortes a la sanidad universal que supuso el malhadado Decreto,anunció a fines de marzo que los inmigrantes irregulares recuperarían la asistencia sanitaria más allá de la reconocida a las urgencias y a las embarazadas, alegando razones pragmáticas de salud pública y racionalidad hospitalaria (no bloquear las urgencias). Sin embargo, como de inmediato denunciaron todas las ONG y un buen número de expertos, ese supuesto giro es mero maquillaje. Ante todo, porque no deroga el RD 16/2012 y, además, porque en realidad es muy limitado y niega a los inmigrantes irregulares ser titulares de tarjeta sanitaria.

La segunda, aunque confieso que tengo serias dudas sobre su lugar en el podio, la ganaEsperanza Aguirre y su campaña sin complejos, en la mejor tradición inmortalizada por Brel en su Les dames patronneuses, se ha hecho una foto que ha recorrido de inmediato todas las redes sociales, para mostrar que a toda una baronesa no se le caen los anillos por quedar inmortalizada con “minorías étnicas”. Es decir, se trata del rancio paternalismo de “siente un pobre a su mesa” genialmente recreado por Berlanga, ese que piensa en que hay que portarse bien con los “pobres inmigrantes”, sobre todo ahora que vuelven las vacas gordas y nos podemos permitir otra vez ser caritativos y recuperar la buena conciencia (“los españoles somos muy solidarios”).

Espe

La foto, sin duda, es una de las cumbres de la desvergüenza por parte de quien ha practicado con saña, allí donde ha gobernado, políticas de restricción de derechos de los inmigrantes, entre las que no es la menor su invento de crear albergues en Marruecos para menores inmigrantes marroquíes no acompañados y así librarse de cumplir con lo que exige la Convención de Derechos del Niño y la Ley Orgánica de Protección Jurídica del Menor.

Medalla de bronce, por fin, en esta “primera edición”, para C’s que, en una excelente muestra de coherencia con su ya veterana política antimigratoria, repleta de todo el repertorio de coartadas xenófobas, si no incluso en el borde del racismo, se niega incluso al “giro social” y sostiene muy pragmáticamente que aquí no hay para todos y es ilusorio, contraproducente y económicamente insostenible eso de reconocer derecho a la salud a personas que para ellos siguen siendo “ilegales”, es decir, los irregulares, gente que en todo caso ha cometido una irregularidad administrativa, no un delito, como se cansan de insistir todas las autoridades europeas e internacionales en materia de derechos humanos. Peregrina concepción de los derechos humanos básicos, como el de la salud, que o son universales o no son derechos. Ciudadanos se ha distinguido siempre por hacer bandera coherente del mensaje “los españoles primero”, lo que no les separa, por cierto, del “moderno” Front Nationale de Marine Le Pen (sí, ciertamente, del racista y antisemita J.M Le Pen o de PEGIDA).

Ada Colau y la tragedia de Antígona

Manuel Peris

La opinión publicada ha sido bastante unánime a la hora de condenar la afirmación de Ada Colau asegurando que “si hay que desobedecer leyes injustas, se desobedecen”. Ha sido una reprobación casi unánime y sin matices, como si el tema no tuviera vuelta de hoja. Y sin embargo, la tiene. Al menos desde que Sófocles escribiera Antígona y escenificara el enfrentamiento entre la conciencia individual y el Estado. Un enfrentamiento que tal como fue planteado en esta tragedia, ha sido un leitmotiv en la filosofía, la teoría política, la teoría jurídica, la ética y la poesía de Occidente.

En su artículo “¿Quien escribe las no escritas leyes de los dioses?[1], Claudio Magris nos ofrece una buena síntesis de este debate histórico. Magris parte de Paul Valéry para reivindicar a Antígona –junto a Ulises, Edipo, Electra, Fausto y don Juan – como uno de los personajes que escapan al control del creador y se convierten, por mediación de él, en “instrumentos del espíritu universal”. A su vez, el autor de Danubio resume la exhaustiva recopilación que hace George Steiner[2] de toda la reelaboración que, en los últimos doscientos años, filósofos, historiadores y escritores han realizado del nudo central de la tragedia, el conflicto entre la ley del Estado y “las leyes no escritas de los dioses”. Y a la vez Magris reconoce, con el propio Steiner, que Antígona no es sólo eso,sino también una suma de otros conflictos humanos esenciales: vejez/juventud, sociedad/individuo, mundo de los muertos/mundo de los vivos, ethos masculino/femenino, amor/sacrificio…Pero Magris, con elegancia y sin polemizar directamente con Steiner, se separa del planteamiento de éste, según el cual el célebre diálogo entre Creonte y Antígona (versos 450 y siguientes) es en realidad un diálogo de sordos porque “no se verifica ninguna comunicación con sentido”. Por el contrario, planteando la pregunta “¿Quien escribe las no escritas leyes de los dioses?” e intentando responder a ella, Magris viene a prolongar el diálogo entre el rey de Tebas y la heroína de Sófocles hasta nuestros días.

Paralelamente, Magris reivindica la reescritura que hace Hölderlin de Sófocles en la que el encuentro y enfrentamiento humano con el terrible y a la par salvífico orden divino le conduce a la autodestrucción. Un conflicto, explica Magris, que históricamente cristaliza en los periodos revolucionarios, cuando la redención que el héroe individual trae al mundo, abate el viejo orden opresivo e instaura, o al menos hace vislumbrar, un orden nuevo y espiritualmente superior, pero que “comporta una culpa que el redentor-culpable debe pagar con la muerte”.

Y así en los versos 450 y siguientes podemos leer la perenne actualidad de la tragedia que significa la elección entre la ley y el imperativo moral “con todas las dificultades, los errores y también las culpas –nos dice Magris– que esa elección, en sus concretas circunstancias históricas comporta”. Las leyes antisemistas de la Alemania nazi, o las racistas de Alabama, son los ejemplos que utiliza para ilustrar la idea de que la ley positiva no es legítima por sí misma, aun cuando sea fruto de un ordenamiento democrático o de la voluntad de una mayoría. Pero los ejemplos los podríamos extender también a conflictos más próximos: la ley sobre desahucios, el edicto del alcalde de Burgos para construir el bulevar de Gamonal o el de Rita Barberá para derribar el Cabanyal, la ley de extranjería… Es entonces cuando, si siguiéramos los pasos de Antígona, habría que obedecer a las “no escritas leyes de los dioses” y desobedecer a las inicuas leyes del Estado aunque dicha desobediencia pudiera acarrear consecuencias trágicas, como en la obra de Sófocles.

Llegados a este punto, Magris plantea la pregunta terrible y trágica de “¿cómo sabemos que esas leyes no escritas son efectivamente de los dioses, o sea principio universales, y no en cambio arcaicos prejuicios, ciegas y oscuras pulsiones del sentimiento, condiciones de quién sabe qué vínculos atávicos? Para intentar responderla, el autor del Danubio –que no es precisamente un experto en filosofía del derecho– mezcla en untotum revolutum el derecho natural clásico, su lectura de Montesquieu a través de Todorov, la filosofía del derecho de Norberto Bobbio y la reinterpretación de la lucha de Antígona que hace el jurista italiano Tullio Ascarelli. El conglomerado jurídico de Magris es, cuando menos discutible, pero, aunque no lo mencione, en él subyace la idea del derecho como “lucha por el derecho” formulada por el gran jurista alemán del siglo XIX Rudolf von Ihering, según la cual, el derecho, además de establecer normas que regulen la sociedad, ha de luchar contra el injusto jurídico porque «todo derecho en el mundo tuvo que ser adquirido mediante la lucha». Una idea que, como gusta recordar el profesor Javier de Lucas, fluía ya en un fragmento de Heráclito en el que decía que “El pueblo debe luchar por su ley como por sus murallas”.

Magris lo dice a su manera cuando afirma que las “no escritas leyes de los dioses” van escribiéndose en leyes más justas, a las que la conciencia opone la exigencia de una ley mejor. Creonte al final se arrepiente y asume que su ley es injusta, pero, aunque se siente preparado para cambiarla, es demasiado tarde. Magris no puede dejar de advertir que más allá de la lentitud del progreso de las leyes, cuya irreversibilidad histórica, como hemos comprobado en España en los últimos años, no está ni mucho menos garantizada, “la tragedia es que los pasos adelante de la humanidad exigen asimismo el sacrificio de innumerables Antígonas, que también hoy continúan enterrando a hermanos, hijos, padres o compañeros tronchados por la violencia de los hombres”.

Ada Colau será alcaldesa de Barcelona fundamentalmente porque sus conciudadanos han reconocido en sus actuaciones al frente de la plataforma anti desahucios a alguien capaz de exigir el cumplimiento de una ley no escrita de los dioses, la que protege el derecho a una vivienda digna. Si el parlamento que sale de las próximas elecciones generales tiene una mayoría suficiente para aprobar leyes justas, será innecesario el sacrificio de nuevas Antígonas.

[1] En Utopía y desencanto, Anagrama, 2001.

[2] Antígonas, una poética y una filosofía de la lectura, Gedisa, 1987.Antígona

Declaración Universal de los Derechos Humanos

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, publicada en 1948, es la primera declaración internacional en utilizar el término “Derechos Humanos”, y ha sido adoptada como estandarte de este movimiento.

Su extensión es corta y vale la pena leerla en su totalidad. Un resumen sería casi tan largo como el propio documento. A continuación, una copia del documento original: